Qué falta de respeto. En el momento en el que Michael Jackson bajaba el telón yo estaba de litronas en un búnker de la guerra civil española. Lo siento, tío.
Iba a poner el vídeo de La hora chanante donde es el compañero de piso de dos estudiantes o algo así, pero no lo encuentro. En fin, chicos, pasé la noche en un lugar de la costa gaditana, concretamente en una playa de estar en bolas y tal, con personas que pasaban por la orilla montadas en caballos y otras que se montaban mutuamente en las dunas más lejanas. No pillé cacho, aunque la paja entre los matorrales sí que cayó. No, joder, por quién me tomáis. Fue en el mar.
Aprovecho para comentaros que estaré un tiempo sin actualizar. También bajo el telón pero no estaré con el coro invisible, tranquis. ¡He dicho que no lloréis!
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Llevo más de 20 años enganchado al ARKANOID.
Primero bajaba a las máquinas recreativas, luego vino el Spectrum, más tarde la Super Nintendo… y así hasta ahora, que lo tengo en la DS y en el móvil. Me llamo José Carlos Salazar. Por favor, ayúdeme. Yo creo que esto no es normal. Cierro los ojos y veo la bola rebotar en paredes y ladrillos de colores. De vez en cuando lo dejo por una temporada pero siempre acabo recayendo. Sí, de verdad, mi nombre es José Carlos. Soy adicto al ARKANOID. Tengo un hijo de pocos años al que no hago demasiado caso. El chiquillo me dice: “Papá, no me haces mucho caso. Voy a hacerte putadas hasta que cambies”. Se me está yendo de las manos, el pobre chaval se me convertirá en un calorro. Para colmo su madre murió en el parto. Dio a luz en condiciones insalubres. Sí, en un cobertizo. Fue un parto muy sucio, ¿sabe? Y se juntaron varias cosas. Lo típico, ¿no?
¡Oh, Dios mío!, ahora el pobre chaval tendrá que practicar el bullying como vía de escape. Y luego viene el jaco. Y todo por culpa de esas malditas cápsulas. No quiero ni pensar en qué diría su madre de todo esto. Ella no lo sabía. Yo jugaba a escondidas, me levantaba de la cama a media noche y me ponía con la Game Boy en el garaje. Dentro del coche. Tumbado en los asientos de atrás. Señorita, me da igual que usted sea la cajera. ¿No ve la gravedad del asunto? Un día me descubrió, le dije que iba al trabajo y ella me encontró jugando debajo de la cama. Allí supo lo de mi adicción. Se avergonzaba de mí… y quería contárselo a sus padres. ¡A sus amigas! Yo eso no podía tolerarlo. Y de pronto… rompe aguas.
Pero no la maté, que quede claro. No, no la maté. Quédese con el cambio.
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El blog últimamente está algo muerto, de modo que ahora que no mira nadie voy a aprovechar la ocasión para hacer una confesión muy importante. Algo que me estaba consumiendo por dentro y ya no podía más. Chicos… SOY HETEROSEXUAL.
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Bueno, he recibido un mail de los compis de Ozutto en el que me invitan a participar en este concurso. Tengo que comentar mis expectativas… que son, bueno… ¿ganar? Porque menudo juego de palabras que me he marcado, eh. Club Última Hora (Ultimando las horas) – Halcón Viajes (viaje del halcón). ¿Lo pilláis? Buf, qué mente tengo, Dios mío de mi vida. Ahí van las condiciones:
1.- Diseña una imagen como la de esta entrada con un eslogan para la campaña.
2.- Escribir una entrada en tu blog con el título “Concurso Club Ultima Hora: Gana un viaje al Caribe para dos personas” comentando tu participación en el viaje y tus expectativas.
Nota: Debe incluir un enlace a esta entrada y las condiciones de participación.
3.- Deja un comentario en la entrada del concurso en Club Ultima Hora indicando el enlace creado en tu blog.
4.- Envía el concurso a otros 5 blogs enlazándolos desde tu entrada para comunicarles tu participación.
Y yo ahora tengo que invitar a otros cinco, que son ni más ni menos que:
Patricil, Jesús, Biel, Jose y Chaplina.
Pos eso.
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Mis vecinos son idiotas. Antes esos tipejos me paraban los pies. Los muy exaltados se abalanzaban sobre mi hercúleo cuerpo y lo sacaban de aquí como alma que lleva el diablo. En cambio ahora se limitan a saludarme con expresiones carentes de buen gusto. «Buenas, Phil. Otra vez al lío, ¿no?». «Ey Phil, antes metí tu nombre en Google marcando ‘Voy a tener suerte’ y me salió una página en la que ponía ‘Vaya, hoy Phil tampoco va a tener suerte’. Ja-ja. ¡Hasta mañana, Phil!». «Phil, dile a Lucifer que pronto estaré con él». Y juro un día de estos me mato, a ver al final quién ríe mejor.
El primer intento fue saboteado por un viejo carcamal, quien cogió por un extremo de la manguera y la tiró a la calzada, jodiendo así la cadena de mi sofisticado dispositivo. Los siguientes fueron más violentos, como la vez que un adolescente gamberro con botas de nazi rompió a la ventanilla del conductor con un pedrusco justo cuando ya empezaba a quedarme dormido, dándome en la cabeza y siendo hospitalizado más tarde por un traumatismo. Y yo entonces ansiaba que el monóxido de carbono entrara lentamente en mis pulmones tras haber girado la llave de contacto. Amaba esa sensación de no-vida.
No hay día que pase en el que no me meta en mi Cadillac. Siempre me ha encantado la idea de fantasear con múltiples modalidades de suicidios y la del coche gaseado ha sido la que me ha proporcionado más fama. Pienso que las propias tentativas son las que ahora me impiden quitarme la vida. Si algo de esta vida me gusta, ¿por qué acabar con ella? En este barrio soy alguien. Soy Phil, el suicida. Hubo otro. Otro suicida quiero decir, pero a éste no le dio tiempo de paladear las mieles del éxito, aunque ahora haya algunos posmodernos de la zona que estén convirtiendo a ese indeseable en un jodido mito. Dicen que nadie compraba los cartones de leche como lo hacía él. Y no sé, ahora que lo pienso puede que tengan algo de razón. A la hora de pagar soltaba los centavos de una manera muy particular. Un movimiento de dedos juguetón hacía que las monedas resbalaran por sus falanges, siendo ésto claramente una brillante metáfora de la caída de las hojas del árbol capitalista. Joder, era un genio. Qué sé yo… un saber estar a la hora de esperar el ticket de compra que jamás creeríais… Lo que no entiendo es por qué únicamente lo hacía con la leche.
En fin, quizás se lo merezca y lo hiciera mejor que Phil. Phil sigo siendo yo, eh, sólo que adoro mi nombre y tengo que escucharlo por mi propia voz muy a menudo, porque si no me derrumbo…
Bueno, las 13:30. Ya es la hora. Vamos allá… venga, venga… vamos, my sweet Cadillac… Mierda. No arranca.
