



- ¿Tú no apuntas a ciegas?
- No, hay que tomar en cuenta la geometría. Cambia tu posición un milímetro y la geometría cambia. [...] La geometría interviene debido a la Sección Aurea. Pero el cálculo es inútil. Como decía Cezanne: “Cuando empiezo a pensar, todo se pierde”. Lo que cuenta en una fotografía es su plenitud y su sencillez.
Fotos: Opositor /// Texto: Fragmento de una entrevista a Henri Cartier-Bresson /// MPTrel: {{{Sunset}}} – Dear Friend (Failing Domino)
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- Anda, ¿ésto es la vida?
- Claro, hijo. Y yo soy Dios. Tu creador.
- Pues te lo has tomado con calma, eh. Porque ya se te ve un poco Werther’s Original. ¿Qué he sido, un caprichillo de última hora? ¿Algo en plan “me voy a poner a hacer bricolaje ahora que tengo tiempo libre”?
- Oye, no te burles de mí.
Si decides seguir riéndote de Dios, pasa al siguiente guión.
Si crees que debes hacer buenas migas con él, pasa al asterisco.
- Pero si es que mírate… con ese camisón… parece que te has escapado de un manicomio.
- ¿Manicomio? ¿Eso qué es? ¿De qué estás hablando?
- Algo que se me acaba de ocurrir. A ver, ¡celadores! Uy, perdón. ¡Ángeles! ¡Lleváoslo y ponedle hasta arriba de antipsicóticos! ¡Que está mu loco!
- Con que esas tenemos, ¿no? ¡Pues toma, micropene que te crió! ¡Arrgh! ¡Soltadme, escoria!
FIN
* – Perdona, es que estoy un poco nervioso… al ser mis primeros minutos de existencia…
- Ya… es lo que tiene. Supongo que debe ser normal.
- Ah, oye. Cuando me estabas creando… escuché por lo bajini algo relacionado con un Salvador o no sé qué cojones.
- Cierto, hijo mío. Yo te prometo que llegará un día en el que nacerá un Salvador para quitar el pecado del mundo.
- ¿Para quitar el pecado del mundo?
- Sí.
- Y ya que lo has creado tú… ¿por qué no lo hiciste sin él?
- ¿Otra vez porfiando?
- Oh, lo siento. No sé qué me pasa que me pongo flamenco en un tris.
- Bueno, mira… que se me ha hecho tardísimo. ¡Esclavos! Uy, perdón. ¡Ángeles! Sacadme de aquí en volandas, que eso me gusta a mí mucho ¿sabes?
- En fin, Serafín.
- Corre más el galgo que el mastín, pero si el camino es largo corre más el mastín que el galgo.
- No lo entiendo, pero vamos… Un saludito, Dios. Venga, choca con el índice, que es algo absurdo que me acabo de inventar. Pero mola, ¿no? Yo creo que esto en un futuro lo va a petar. Chocar se llama.
- Mola bastante, carajo. ¡Nos vemos con los ojos, hijo mío!
- Eh, eh. La última cosa. Recuerda la promesa que me has hecho de la salvación de todos los hombres y tal.
- Y TÚ RECUERDA QUE TODAVÍA NO SABES HABLAR, HIJO MÍO.
FIN

Acabo de volver de la tinplayada (bocatas, York’eso y por supuesto, grandes cantidades de tinto de verano) con el colega Jesu. Soplaba el viento de levante. Varios baños en nuestro haber.
Siempre nos ponemos en el mismo muro. Siempre compramos las provisiones en la misma tienda. Siempre nos mira con cara de pena el encargado al ver que sólo hemos pedido dos vasos para varios litros de alcohol. Siempre hablamos de la posibilidad de acostarnos con gaviotas. Siempre hacemos volteretas de acabados sobre la arena. Siempre putas y maricones.
Siempre me ha encantado esta tradición.
Siempre… (dale al play)
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Dolores era de aquellas personas que quitaban la posible ropa que hubiera junto a la televisión cuando en ésta aparecía alguien regando. No fueran a mojarse, claro. También solía preguntarle a su yerno “¿Tú crees que Manolo Escobar va a venir hoy?” Este pobre hombre se dirigía hacia la TV, miraba la parte trasera y respondía: “Sí, ahí está ya. Pero luego viene, que ahora está comiendo”.
Dolores era mi tita-bisabuela o algo parecido. La llegada de la caja tonta trastocó la vida de nuestros yayos. Como su nombre bien indica, puso de manifiesto el grado de tontura de cada uno de ellos. Ratificó a los que estaban hechos trizas y descubrió a nuevos valores que estaban así, así… en la cuerda floja. Ese fue el caso de Dolores. Mis familiares la tenían por cachonda mental, pero cuando compraron la televisión… aquello rompió todos los esquemas. Al principio creyeron que Dolores se estaba saliendo de la pelleja, vamos, que estaba en forma y hacía bromas ocurrentes a diario con la tele como protagonista. Finalmente descubrieron que no estaba de coña al ver que empezaba a repetirse siempre con los mismos gags.
Esa fue la última generación de tecno-inadaptados. La actual es la de Internet. Recuerdo que en los comienzos (con 56 kbps) mi abuela me preguntó que dónde estaba mi padre. Yo le respondía repetidas veces “está en Internet”, al no entender la última palabra. Ella, como vió que yo ya me reía, me lo echó en cara: “Anda niño, no te cachondees de mí y te inventes pueblos”. Menos mal que no le dije que mi padre estaba metido en Internet.

Sacar al perro para que mee como excusa, cuando el que mea es él. Roger Tremont es uno de esos hombres excéntricos que hacen las cosas a las bravas, sin pensar demasiado en las posibles consecuencias. Baja con Ñoquis, su perro labrador de diez años, a la plaza que le vio crecer. Una vez allí, Ñoquis espera fielmente a que su dueño termine de hacer sus necesidades. Roger suele hacer pipí, pero cuando es popó Ñoquis las pasa canutas, pues intenta mantener el tipo ante las miradas intransigentes de los ciudadanos.
Ñoquis (y ya van cuatro) me recibe en su caseta. Le digo que no puedo entrar y se lo toma a mal. Le aclaro que no puedo entrar porque no quepo y que tendremos que hacer la entrevista en las tumbonas del jardín. Acepta de mala gana, ya que según él tiene una salita de estar donde la existencia es del carajo.
“Roger es un incomprendido. Se caga en las normas preestablecidas y disfruta con ello. Yo me avergüenzo, no te lo voy a negar. Es duro ver que a tu padre le llamen la atención diariamente. Las multas son lo de menos, se pagan y ya está. Por dinero…” “Un inciso, Ñoquis. ¿Has dicho padre?” – le corto.
“Sí, a nosotros no nos gusta llamarles dueños o amos. Hay quien les llaman Tori Amos, pero en plan coña. Preferimos padre, no en el sentido biológico de la palabra, no. Sino como guía, líder, ya sabes. Aunque en nuestro caso la cosa no está del todo clara.” “El concepto quién tira de quién, ¿no? – pregunto. “Exacto. Bien molón que es y bien orgulloso que estoy de protagonizarlo.” – responde el perrete.
Me despido de Ñoquis con tres besos (1) y tiro para la redacción. Allí me espera el temido folio en blanco. ¿Qué mensaje podría encerrar esta historia? ¿Qué moraleja? Alguna habrá, digo yo… Ah, perdón (2), eso tengo que rectificarlo… me despedí de él con tres besos y dos abrazos. Y le dije que se cuidara.
(1) Al estar en Francia es lo que tiene. Soy francés en este relato. Trabajo para LE MONDE. Aunque Ñoquis, como la ‘ñ’ indica, es español. De Las Alpujarras.
(2) Pedirle perdón a Mr. Clippit, el asistente de Microsoft Word.
(*) El dibujito es mío.
Two Suns se baja aquí. Pop de calidad en el que mis adorados Yeasayer han metido el boquino. Nada más que decir.