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Segunda parte de las entrevistas “3 en raya”. Bautizadas así no porque sean tres preguntas, no. Ya véis por dónde voy, ¿no? La primera parte aquí y aquí. Bielix-Opositor. Tándem letal a lo Karembeu-Anelka.
1. Sabemos que nada más despertar lo primero que hace, antes incluso que desayunar, es consultar su correo electrónico para contestar todo el torrente de mails que recibe a diario de sus fans. También goza viendo como su hinchada crece y crece sin parar en su página personal de facebook. ‘Hazte fan del Opositor’, es lo más comentado en la red y el fenómeno no ha hecho más que comenzar. Díganos, ¿cuál es la receta de su éxito? ¿Se siente sobrevalorado o en cambio considera que la magnitud de su ser nunca será lo suficientemente valorada? ¿Cómo corresponde a sus fans?
Eso no es del todo cierto, señor Bonet. Lo primerísimo que hago es entrar en el Marca para ver si hay noticias de mi ídolo: el atleta Arango. Luego ya sí que miro el correo. ¿Que cual es la receta de mi éxito? Pues no sé qué decir. Supongo que al ser tan extraordinario y fabuloso lo demás ya viene solo… Alguien tan brillante en todos los campos termina siendo popular, aunque sea desde el anonimato de su casa. Así es como triunfamos los renacentistas del siglo XXI. Como verá, no me siento sobrevalorado. Sí quizás un poco infravalorado. Éste es mi blog personal y últimamente rara vez llega a la decena de comentarios por entrada. Por su calidad, tendría que llegar a los cien pero la gente se echa para atrás. No quieren llenar de mierda esa auténtica obra de arte que acaban de leer. Les entiendo.
A mis fans las trato bien. A ellas. Los tíos… no tengo trato con ellos directamente. Si recibo el e-mail de alguna chica siempre procuro responderle. Me hago el duro y las insulto. Ellas comprenden que tengo un carácter difícil y que el insulto en sí es una oda personal que yo les dedico a cada una. Lo que ya no entiendo es que nunca me respondan a mi popular ‘¿follas esta noche, perra?’ No sé en qué parte de la pregunta se pierden.
2. El éxito es un arma de doble filo, y así como decíamos que crea fans a diario, también cosecha enemigos que, víctimas de la envidia, confunden su admiración hacia usted con el odio y la aversión. En caso de enfrentarse a ellos, con qué arma se defendería? Razone:
a) Un preparado de ácido clorhídr… sí… ácido clorhídrico encima de sulfato deeee sodi… deee… cloro… no, sulfato no… no sé lo que es… para echarlo y que haga una reacción que flipas, salga gas amarillo por ahí…
b) Un recopilatorio de remixes de Camela.
c) Un gato mimoso.
Eligiría la a) sin dudarlo. Más que nada porque los discos de Camela ya están muy vistos. Es un clásico para hacer el mal. Si eres humorista y pretendes hacer un chiste de torturas siempre mencionarás a esta gran banda. Viene en el decálogo. El método del gato no me convence mucho, es demasiado sanguinario. Con la a) tenemos el toque necsario. Con el humo conseguimos un resultado muy peliculero y permite que podamos huir entre la confusión, tal y como lo hace Anthony Blake en sus sueños más húmedos.
Así que ya sabes, enemigo. La has liao parda, colega. Más te vale no estar leyendo ésto, porque voy a gasearte vía altavoz cual Holocausto.
3) Para acabar, una reflexión. ¿Acabará facebook con nuestras vidas? ¿Cuándo nos daremos cuenta de lo triste que es tener un blog?
Personalmente, Facebook me ha cambiado la vida las últimas semanas. He llegado a la cifra de veinticinco amigos, ¿le parece poco? También he descubierto la existencia de la aplicación Word Challenge, sin la que no podría vivir ahora mismo. No me imagino un día sin Word Challenge, la verdad. ¡Y sin la guerra de pandillas! ¿No es adorable que te ataquen sin parar? ¡Y que nunca mueras! Por otra parte, escribir en el muro de otra persona es como coger un martillo y un cincel y grabarle algo en su sagrado corazón. Te adentras en su ser. Le profanas. Hay una complicidad entre los usuarios difícil de explicar. Facebook no acabará con nuestras vidas. Facebook será La Vida.
En cuanto al asunto blog… no creo que sea triste. Es tristísimo, pero hay unos egos ahí afuera que madre mía. Eso hay que alimentarlo de alguna manera, nene. Y el blog es una buena solución. Lo triste es venirte abajo si tal post no lo ha comentado ni tu madre. Por cierto, esta entrevista no es de radio, ni televisiva. Es a través de un blog. ¿Quiere decirme con eso que el hecho de entrevistarse por aquí es triste? Sí, yo también estoy de acuerdo.
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Es una foto que me ha mandado mi tío.
- ¿Quién eres tú, Dunyazad? ¿La segunda por la derecha?
- No, no, qué va. ¿Es que no me ves que llevo el bolso tan chulo que me compró nuestro esposo en aquel puestecito junto al Puerto Marítimo? Soy la de la derecha del todo.
- Ahh, claro. Es verdad. Por cierto, con lo bonito que era la ciudad y éste haciéndonos fotos delante de una valla. Manda cojones.
- Ya te digo, tía. Además, qué cabrón, ¿no? Se pasó mil pueblos cuando nos decía eso de say cheese. No por el hecho en sí, sino porque lo decía en inglés el imbécil y no entendíamos nada.
- Sí, pero nos lo pasamos muy bien. Lo veíamos todo pixelado y tal, pero guay. ¿Y no viste cómo nos miraban los hombres de esa ciudad? Triunfamos, nena. Triunfamos.
- Nos miraba todo el mundo, chula.
Un día de la semana pasada estaba yo en una plaza popular de mi ciudad, leyendo muy tranquilamente mi última adquisición de El Barco de Vapor, cuando de repente, escucho algo así como:
Eh, no hagas eso, mata de pelo pegada a un cacho de carne
Quien me haya visto en fotos sabrá que mi cabeza no está del todo pelada que digamos… Entonces como que me di por aludido. Más que nada porque también en esa parte de la plaza estábamos él y yo solos. No le dije nada, pero le miré y el hizo lo mismo. Aguanté la mirada como un campeón, él agachó la cabeza y centró su mirada en el suelo. Él estaba de pie, yo sentado. Y no hacía más que preguntarme que por qué me había dicho eso. ¿A qué se refería? ¿A que dejara de leer El Barco de Vapor porque ya tengo los huevos negros? Mientras pensaba en todo ésto, el tío parecía estar de veinte uñas y cuando me lanzaba una mirada no era del todo agradable. Encima.
Así es cómo decidí que tenía que partirle la cara. Era él o mi dignidad. En ocasiones normales no habría hecho nada, me hubiese quedado en aquel banco tapándome la cara con el libro y avergonzado, no fuera a ser que encima me pegara. Pero recordé ese capítulo de Seinfeld en el que George decide hacer todo lo contrario a lo que hacía anteriormente y a partir de ahí empieza a tener éxito en todo. Yo en ese momento era un Constanza y ese tío se iba a cagar.
Me levanté y justo cuando pasaba junto a su lado… pasé de largo. Bajo el banco había un chucho de mierda. De esos tan feos de los que te preguntas el por qué de su existencia, no sé si se me entiende. En fin, que soy bastante egocéntrico y siempre pienso que todo va por mí. Tengo que cambiar ese aspecto si en un futuro quiero procrear bebés de una raza superior.
Esta actualización está basada en hechos reales, pero hay algunas cosas que me he inventado. No fue la semana pasada, sino ayer. Y sí que me pasó todo eso, pero no leía un libro de El Barco de Vapor. ¿Por quién me tomáis? Ja-ja-ja. Voy a seguir los pasos de George y cambiaré mi vida. Total, no puede ir a peor. Y joder, porque ese capítulo “lleva mi nombre”. Es una señal.
Irrisorio, mal encuadrado, deformado y de todo. Pero es lo único que os puedo enseñar hasta ahora. Al final ni 15 de noviembre ni pollas, me estoy peleando a cara de perro con el Pinnacle y de momento creo que me está partiendo la cara…
Navidad creo que es una buena fecha.

-¿Qué te parece Eva?
Miguel le respondió sin dejar de mirar hacia el East River a través del amplio ventanal del autobús, que en ese momento atravesaba el puente de Brooklyn hacia Manhattan:
-Extrovertida.
Carlos, que esperaba otro tipo de respuesta, miró a su amigo, extrañado:
-¡Extrovertida! ¿Eso es todo?
-¿Y qué quieres que te diga?
-Lo que piensas. Para eso te he preguntado.
Miguel se vio obligado a tomar partido:
-Carlos, me conoces de sobra. Llevas saliendo con Myriam casi dos años. Quizás deberías pensártelo un poco, ¿no crees? Además, todavía no sabes si le gustas a Eva o no.
-Sí, sé que le gusto. Lo sé.
-¿Te lo ha dicho?
-No, pero lo sé, estoy seguro.
Miguel, que observaba los rascacielos como si fueran a desaparecer bajo las aguas del East River de un momento a otro, no se atrevió a hacer ningún comentario. ¡Qué pequeña era su barriada de San Fermín contemplada desde la vastedad de aquella ciudad de ensueño! ¡Qué pequeño era su mundo y qué distante y qué próximo estaba de él al mismo tiempo!
-Lo que sí tiene Eva es mucha suerte -dijo Miguel sin dejar de mirar hacia Manhattan-. Me refiero al hecho de vivir aquí, a tener trabajo, dinero, a ese tipo de cosas.
Carlos, que le había escuchado sólo a medias, dijo muy seguro de sí mismo:
-Creo que volveré en Navidad.
Miguel no apartó la vista de la ventanilla; su mirada, absorta, quedó abruptamente suspendida al hilo de un mal pensamiento: él no podría volver en Navidad; ni en Navidad, ni en Semana Santa, ni en el próximo verano ni en el siguiente. Regresaría a su habitación de dos noventa por dos setenta, entre cuyas paredes pasaba las horas imaginando cómo podría llegar a ser su vida de adulto. Lo que llevaba peor era asomarse al diminuto balcón y no poder ver la calle, ni la gente, ni los coches, ni nada. Nunca le agradeció a su tío Julio lo bastante que le regalara por su cumpleaños aquel telescopio casi de juguete; el cielo, esa pequeña porción de cielo que se dejaba ver allá arriba, entre su casa y los muros de ladrillo y cemento de los bloques vecinos que ahogaban su visión, era para él todo el horizonte, y cuando se asomaba al ocular de su pequeño refractor, aunque la luz de la ciudad apenas le permitiera atisbar estrella alguna, sentía que volaba. Por eso, cuando su padre se echó a reír a carcajadas al verle mirando a través de la tubería del retrete, como él empezó a llamar al monóculo despectivamente a partir de esa noche, creyó escuchar cómo el espíritu de su madre, allá donde se encontrara, lloraba.
Foto: Opositor // Música: The Mahavishnu Orchestra – Thousand Island Park // Texto: Las sombras, de Luis de la Fuente
[Actualización] Me dicen que es posible que la canción no se oiga… Os jodéis, vaya.

Ayer cuando iba a escribir un comentario en el blog de Hongos, ¡va y me sale esa verificación de palabra!
Bueno, bueno, que yo a ese ente le aprecio mucho pero la cosa no creo que llegase a mayores, eh. He estado pensando, la verdad. ¿Y si a lo mejor ha manipulado de una manera muy sucia el sistema? ¿Y si ha implantado para su blog un cifrado adulador que le permita dormir todas las noches con una sonrisa de oreja a oreja? Quién sabe… Lo cierto es que dudé en un primer momento, quise cerrar la ventana emergente y abrir otra nueva para que me saliera un código diferente. Más que nada porque temía que aquel minusválido de color azul se girara hacia mí y me ofreciera un anillo de diamantes vía USB.
En otro orden de cosas, informo que ya está publicada mi primera intervención en Yunior Yons. Pasen y vean de qué manera está creciendo nuestro falo colectivo.

Hormonados, a punto de hacer el ‘I WANT YOU’
La nueva animaçao de los Venga Monjas entra muy fuerte en la lista semanal:
Promoción del nuevo blog en el que colaboraré junto con algunos desequilibrados: Yunior Yons y toda la pesca.