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Ya es la hora. Todos han estado esperándole. A ambos lados de la alfombra roja se agolpan periodistas gráficos y fans enloquecidas. De pronto, el organizador del festival musita: Ahí está. Es él. Un coche negro para frente a él y se lía parda. Las adolescentes entran en la segunda fase de la histeria y vocean de manera heterogénea: ¡Duque, tío bueno! ¡un hijo! ¡tuyo! Los flashes comienzan a saltar. Los fotógrafos forcejean con sus cuerpos para conseguir un mejor sitio. La puerta del automóvil se abre y sale una señora septagenaria. La gente, sorprendida porque El Duque haya venido con su madre. O abuela. Pero el coche arranca y desaparece del lugar como una exhalación. La vieja llega hasta la alfombra roja esperando vítores y luces cegadoras por doquier. No hay reacción. Esperaban al Duque y tienen delante a una señora mayor. ¿Qué habrá sido de él? ¿Vendrá esa mujer en su representación? Improbable – piensa un mosqueado organizador del evento. Si estuviera nominado a algún premio tendría sentido, pero no lo está. Él vive de estos numeritos.
Comienza la gala y todos los asistentes al Teatro se preguntan quién puede ser esa señora que se aferra con fuerza a su bolso de cuero y mira con curiosidad al escenario a través de unas minúsculas gafas. Los premios han sido entregados, se clausura una nueva edición del festival y los invitados acuden a la fiesta privada que está planeada en la zona anexa al recinto. Pero antes deben pasar por el stand publicitario. Viceroy, Freixenet y Nesquik son las marcas que aparecen tras las estrellas. De nuevo, fotos y más fotos. Y otra vez la señora. Photocall nulo, nadie quiere malgastar energías y megas en esa vieja.
Ahí es cuando la situación da un giro de trescientos sesenta grados. La señora tira el bolso al suelo, se abre la blusa dejando al descubierto sus dos decrépitas mamas y grita furiosa: ¡¿Pero es que no me reconocéis?! ¡ Soy El Duque! Los periodistas no dan crédito a lo que están viendo, y tras varios segundos de conmoción, empiezan a fotografiar como locos. Finalmente, entra en escena una vez más el organizador del festival con una manta bajo el brazo. Se la pasa por encima a la anciana y la acompaña hasta donde está la recepción. Ésta, llorando y posando al mismo tiempo su cabeza sobre el hombro de aquel señor, murmura: “¿Qué pasa, que por ser ahora una señora mayor no voy a actuar bien? ¿Ya no me quieren? Son todos unos superficiales”.
2 comentarios por mucho
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Jajajaja. Lo mejor es cuando los periodistas no dan crédito y empiezan a fotografiar como locos xDDD
¿El Duque este muere o no?
Comment por Tin Noviembre 21, 2008 @ 11:16 pmEl Duque es la muerte.
Comment por elopositor Noviembre 22, 2008 @ 6:04 am