Sillas, mesas. Personas. Vasos, botellas. Barra. Bar, pueblo pequeño. Noche de un viernes cualquiera.
- Póngame otro, camarero.
- No me quiero poner en plan peliculero, pero como el que se ha inventado esta historia no da para más… ¿no cree que ya ha bebido demasiado?.
- ¿Cómo se llama?.
- No lo sé, pero se cree que escribe bien y todo…
- Joder, Paco. Céntrate en tus líneas del guión, ¿vale?.
- Venga, va. Me llamo Ramiro.
- Verá, Ramiro… por cierto, ¿eso es un nombre?. Bueno, da igual. Resulta que he tenido la peor semana de mi vida. Éste es el único momento feliz en tanto tiempo. Este vaso en concreto. Y está vacío. ¿Comprende lo que eso significa?.
- Ya será para menos. Pero en fin, ésta sí que es la última, ¿de acuerdo?. Lo digo porque yo también tengo una vida y no estoy muy seguro de que su semana haya sido peor que la mía.
- Peor, se lo aseguro. De hecho ni siquiera se puede considerar vida lo que me ha pasado en estos días.
Ramiro se vuelve y empieza a cortar tres limones en gajos. Cuando termina, todavía con el cuchillo en la mano, reanuda la conversación:
- Por casualidad, ¿a qué se dedica?.
- Soy mago. Y por favor, se lo advierto: no diga más, que le veo venir.
- ¡Mago!. ¡Pero si eso es maravilloso!.
El resto de persianas del bar se giran y centran su mirada en el perjudicado mago que está sentado en la barra.
- Venga, hágame un truco. ¡Qué coño, a todos los parroquianos!. ¡Señores, es un mago!. Vamos, algo sencillito…
- ¿Quieren que les haga un truco?.
- ¡¡¡¡SÍIIIII!!!!.
- De acuerdo.
Dos movimientos de muñeca. Cuchillo anteriormente citado. Yugular de Ramiro. Restos de limón se mezclan con sangre.
La clientela, paralizada y atónita. Ilusos, son incapaces de reducir al mago, creyendo que se trata de un muy real y genial efecto.
El ilusionista se pone su sombrero de copa, se rasca su frondosa barba mientras se levanta y ya en la puerta, dice de manera sosegada:
- Ahí tenéis vuestro truco. ¡La primera persona con sangre naranja! -grita, saliendo por patas del local.
Cinco horas después. Las calles amanecen inundadas de carteles que rezan lo siguiente:
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SE BUSCA MAGO, con
Sombrero de copa (no descartamos que vaya por ahí sin él)
Barba de grandes dimensiones (a lo mejor se la ha afeitado, a lo mejor no)
No hay foto del susodicho (de modo que preguntar por la profesión a todos los forasteros)
RECOMPENSA: Pase VIP para el funeral de nuestro querido Ramiro
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Un niño arranca uno de los que están colgados en las paredes del colegio. Se da cuenta de que alguien ha añadido una frase con un bolígrafo azul:
¡QUE OS DEN POR EL CULO. SOMOS MAGOS, NO MONOS DE FERIA!
>> A todos aquellos pobres magos, que tienen que aguantar la misma mierda del truquito de rigor tras confesar a qué se dedican.
Estoy escribiendo un compendio de pequeñas historias en las que el protagonista principal es un mago. Ésta ha sido la primera de todas. Espero que os haya gustado. Y si no pues temblad, malditos. Porque dentro de mí guardo una faceta de mago. Y no lo digo por los trucos, a esta historia me remito… Siempre me ha fascinado este mundillo. Hasta tengo el libro de Vicente Canuto, “Cartomagia fundamental”. Eso sí, apenas lo he tocado.
De manera que ésta será la manera con la que les rendiré homenaje. Y dejo de escribir ya, que siempre acabo liándome y contando mi puta vida. Y tengo que hacerme todavía unos raviolis. Joder, otra vez igual…
Hasta más ver.