Archivado en: Pamplinas de la Pza. Mina
Aclarar que lo de arriba son unas capturas de un archivo powerpoint que me han enviado recientemente. Es la transcripción de una grabación telefónica que está rulando por ahí. El modo empleado es el que estáis pensando: cadena. Putos FWD. He estado haciendo limpieza en mi bandeja de entrada y también me he encontrado con esta perla en forma de .doc:
Hay solo una manera de preservar su funcionamiento. Nosotros no tenemos suficiente dinero para pagar el precio, AOL Y ZDNET han estado de acuerdo en ayudarnos y la única manera en que puede ayudarnos es esta:
Nosotros le enviamos este E-Mail y usted se lo envía a sus conocidos y estos a su vez a sus demás conocidos. AOL rastreara este E-Mail y por cada 3 personas que reciban este mensaje AOL donará 32 centavos, ayúdenos por favor, 2 minutos de su tiempo le pueden salvar la vida a mi hija.
José Luis Gutiérrez Vázquez
Jefe de proyectos del Consejo Asesor de Computo
De modo que ha quedado claro, ¿no?. Cadenas NO. Le retiraré el saludo a todo aquel que me mande alguna. Y si es la de un váter me….. en sus….. (omito sutilmente el chiste fácil para no ser redundante, debido a mi anterior entrada mierdil).
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Siempre medio vacío
- Póngame otro, camarero.
- No me quiero poner en plan peliculero, pero como el que se ha inventado esta historia no da para más… ¿no cree que ya ha bebido demasiado?.
- ¿Cómo se llama?.
- No lo sé, pero se cree que escribe bien y todo…
- Joder, Paco. Céntrate en tus líneas del guión, ¿vale?.
- Venga, va. Me llamo Ramiro.
- Verá, Ramiro… por cierto, ¿eso es un nombre?. Bueno, da igual. Resulta que he tenido la peor semana de mi vida. Éste es el único momento feliz en tanto tiempo. Este vaso en concreto. Y está vacío. ¿Comprende lo que eso significa?.
- Ya será para menos. Pero en fin, ésta sí que es la última, ¿de acuerdo?. Lo digo porque yo también tengo una vida y no estoy muy seguro de que su semana haya sido peor que la mía.
- Peor, se lo aseguro. De hecho ni siquiera se puede considerar vida lo que me ha pasado en estos días.
Ramiro se vuelve y empieza a cortar tres limones en gajos. Cuando termina, todavía con el cuchillo en la mano, reanuda la conversación:
- Por casualidad, ¿a qué se dedica?.
- Soy mago. Y por favor, se lo advierto: no diga más, que le veo venir.
- ¡Mago!. ¡Pero si eso es maravilloso!.
El resto de persianas del bar se giran y centran su mirada en el perjudicado mago que está sentado en la barra.
- Venga, hágame un truco. ¡Qué coño, a todos los parroquianos!. ¡Señores, es un mago!. Vamos, algo sencillito…
- ¿Quieren que les haga un truco?.
- ¡¡¡¡SÍIIIII!!!!.
- De acuerdo.
Dos movimientos de muñeca. Cuchillo anteriormente citado. Yugular de Ramiro. Restos de limón se mezclan con sangre.
La clientela, paralizada y atónita. Ilusos, son incapaces de reducir al mago, creyendo que se trata de un muy real y genial efecto.
El ilusionista se pone su sombrero de copa, se rasca su frondosa barba mientras se levanta y ya en la puerta, dice de manera sosegada:
- Ahí tenéis vuestro truco. ¡La primera persona con sangre naranja! -grita, saliendo por patas del local.
Cinco horas después. Las calles amanecen inundadas de carteles que rezan lo siguiente:
SE BUSCA MAGO, con
Sombrero de copa (no descartamos que vaya por ahí sin él)
Barba de grandes dimensiones (a lo mejor se la ha afeitado, a lo mejor no)
No hay foto del susodicho (de modo que preguntar por la profesión a todos los forasteros)
RECOMPENSA: Pase VIP para el funeral de nuestro querido Ramiro
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Estoy escribiendo un compendio de pequeñas historias en las que el protagonista principal es un mago. Ésta ha sido la primera de todas. Espero que os haya gustado. Y si no pues temblad, malditos. Porque dentro de mí guardo una faceta de mago. Y no lo digo por los trucos, a esta historia me remito… Siempre me ha fascinado este mundillo. Hasta tengo el libro de Vicente Canuto, “Cartomagia fundamental”. Eso sí, apenas lo he tocado.
De manera que ésta será la manera con la que les rendiré homenaje. Y dejo de escribir ya, que siempre acabo liándome y contando mi puta vida. Y tengo que hacerme todavía unos raviolis. Joder, otra vez igual…
Hasta más ver.
En tanto no se acuerde la suspensión de la resolución aprobatoria del deslinde, la Administración procederá, si lo considera oportuno, al amojonamiento, previa notificación a los interesados; amojonamiento que se producirá, en todo caso, cuando la resolución sea firme.
Me he quedado flipado, porque parece que los autores de los tomos que me tengo que empollar han metido algunas frases cachondas entre tal tsunami informacionista (como diría mi amado Llamazares). Y no sé cómo interpretar el fragmento de arriba. ¿Quiere decir algo así como que la Administración se va a cagar en mis castas si lo consideran oportuno?. ¿Van aun más allá y afirman que los que recibiremos el mojón estamos interesados en que así sea?. ¿O simplemente veo mojones donde no los hay y es que ya me estoy cagando en las bragas ante la proximidad del examen?. Aquí es cuando mi abuela diría un refrán de los suyos tipo ver la paja en el ojo ajeno… o mierdas de ese tipo.
Ya poniéndome serio, me sincero ante todos vosotros: a estas alturas lo llevo francamente mal. Lo bueno es que siempre se me ha dado bien eso de meterme 40 temas en un día. Llamadme lisssssssto, pero es la verdad, siempre he tenido la sensación de ser un superdotado en todos los aspectos. Aunque esos temas de los que he hablado antes solían ser de mitocondrias, complementos directos y cosas así. Supongo que no será lo mismo. No sé, en cuanto me lea el temario entero os saco de dudas.
Mientras, os dejo con un tema del disco (¡ojo a ese pedazo de final!) que más estoy escuchando últimamente (por delante de Omega, de Morente, del nuevo de Isobel Campbell y Mark Lanegan y del What We Have Sown, de los Pineapple Thief). Muy recomendable, muchachos. Podéis ver un vídeo maravilloso con algunas canciones del disco aquí.
Buen fin de semana para todos. Y mucha mierda.
Ha nacido SuperChufla, el digno sucesor de SuperLópez. El único superhéroe capaz de volar sólo con la ayuda de la capucha de su sudadera. En momentos de peligro y cuando ésta no la lleva puesta, su supermeado en una alfombra normal y corriente la convierte en voladora. Amante de la filosofía barata, pretende solucionar los problemas desde la butaca del salón. Como arma mortífera tiene a su uña negra, que desprende un hedor a carne escaldada capaz de aniquilar a una civilización entera.
Sí, amigos, ya podéis rendirme pleitesía.
La idea está bien, pero su mujer estará ya hasta los ovarios de que su marido regrese a casa con la misma mierda: ‘cari, hoy la cosa ha ido mejor, sólo se me han cagado encima 21 palomas’.
La verdad es que me sigo preguntando cómo llegué a aprobarlo todo en junio. Un 10 para el director del instituto ahí… porque las notas siempre eran el día posterior a la noche de juerga. Aunque supongo que será igual en todas partes. Eso era perfecto para hacerte amigo del alma del profesor que te tenía manía y poder estar toda la puta noche diciéndole aquello de “¿es que ya no somos amigos?”. Chantaje alcohocional lo llaman. O también era muy útil para afrontar con valentía el encuentro con tus padres: “Que sí, cuatro suspensos… dejadme a mi bola, joder. Que no pare la fiestaaa” -mientras te quedas sobado en la mesa de la cocina con las notas en la mano y con tu padre mordiéndose el puño.
Debo confesar que pasé toda esa noche acojonado. No sabía bien si tendría que ir a septiembre o qué. Y así se lo comenté al de dibujo técnico: “Yo no puedo celebrar nada con ésto carcomiéndome por dentro”. Tras una pausa… “¡Suéltalo todo, jodido bastardo!” -mientras le cogía del cuello a lo Homer. Al final salió todo bien, notas mediocres pero podría hacer la Selectividad semanas más tarde. Todavía con los efluvios del alcohol, llegué a besar con lujuria a la jefa de estudios. Ésta, en días posteriores, en el pasillo me llamaría calientapollas.
Bueno, me centro en lo que en un principio os iba a contar. Salió a la palestra una anécdota digna de película de comedia. Cómo no, la protagoniza un opositor. Resulta que estábamos unos cinco amigos en casa de un sexto. Vivía en un recinto militar de la ciudad, en una especie de chalet con su patio, pistas de baloncesto, tenis, fútbol sala… Le odiábamos con todas nuestras fuerzas, sí. Pero le hacíamos la pelota para poder ir. Es broma, no era tan mal chaval… algo mejor que Hitler supongo. El caso es que ensayábamos una coreografía que teníamos que hacer para una asignatura. En un descanso, este amigo me dice:
Silencio sepulcral durante varios segundos. Era evidente que ella no esperaba ver a un niñato, al que apenas se le veía la cabeza con tantas latas y patachuelas que llevaba en los brazos, en la cocina de su casa. Y yo cuando me pongo nervioso empiezo a decir chorradas:
En fin, terminamos la conversación descojonados con tal anécdota y nos despedimos con el sincero “sí, tío, si eso ya nos llamamos y quedamos para tomar algo” (ambos sabemos que ya no tenemos el número de teléfono del otro). Le comenté que no estaría mal escribir todas esas cosas que nos pasaron en aquellos años antes de que Alzheimer llame a nuestras puertas. Y eso es lo que voy a hacer.
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Presenciaré los primeros rayos de sol de España desde el puerto de Villacarlos, donde me tomaré unas cuantas pomadas a vuestra salud mientras veo cómo los pescadores amarran sus barquitos a pie de playa.









