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Aunque joder, ya era hora. A veces echo la vista atrás y no recuerdo mi vida pasada como no-opositor. A mi madre seguro que le dijeron:
Tú eres como aquel árbol que vimos en aquel prado, apartado del resto. Eres una especie única. Tu copa se convirtió en la cabeza de un pez, quisiste buscar el mar pero las piernas no te respondieron. Y ahí te quedaste, anclada. Cabeza y cuerpo separados para siempre. Lamentas que el corazón no esté en la cabeza, que si no estarías entre corales, algas y caballitos de mar…
Estos peñascos que el aire marino perfuma, guardan con su imponente belleza la leyenda de una historia de amor.
Cuentan que a Xoroi lo trajo el mar. Nadie sabe cómo, posiblemente fuese superviviente de algún naufragio. Se refugió en una gruta ubicada sobre un precioso acantilado de la costa sur de Menorca. Las casas de campo de los alrededores empezaron a sufrir robos. Nadie sabía quién podía ser. Xoroi, en estas idas y venidas se enamoró perdidamente de una joven que estaba próxima a casarse, y un día, la joven desapareció. Nada más se supo de ella. Pasaron meses y años…
Un invierno caprichoso quiso que la isla se vistiese de insólita nevada. En la nieve aparecieron pisadas delatadoras. Hombres armados siguieron las huellas hasta la cueva y allí, en la gruta, encontraron a un hombre, una mujer y tres hijos fruto de su amor.
Xoroi, al verse acorralado e impotente se lanzó al mar seguido de su hijo mayor. El mar que lo había traído se cerró sobre ellos guardando el misterio de su vida.
Desconsolados, la mujer y sus dos hijos fueron trasladados a Alaior, donde dicen que todavía viven descendientes de aquella fantástica historia.
La Cova d’en Xoroi, hoy convertida en la discoteca más popular de Menorca, es un lugar mágico que guarda los misterios que un día arrastró el mar. Sus terrazas, al borde del precipicio, son un lugar insuperable para admirar las puestas de sol.
Allí estaré una vez más este verano. Es el premio al gran examen que voy a hacer. Tiene que serlo.


