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Yo, Eduardo Rodríguez Rodway, único miembro vivo del grupo Triana y co-fundador del mismo ante el engaño, estafa y el aprovechamiento del legado cultural y moral por mercaderes del todo vale, músicos mercenarios, cantantes caricatos, maletas de viudas, representante mercachifle que manchan, utilizan, y equivocan el buen nombre del grupo a nuestros fan y al público general solamente por el puto dinero, declaro que: ¿Dónde queda la Dignidad? ¿El Respeto por la obra hecha? ¿Por los ausentes? ¿Por Mí?
Vampiros de toda la energía que hemos derramado en el pasado. ¿Por que no dejáis tranquila a Triana? Triana no merece traidores. ¿Quién es una viuda para hacer obra en nuestro nombre? ¿Quién es un representante ladino para manipular todo y confundir?¿Cómo tienen la poca vergüenza de utilizar el mismo logo que tampoco es suyo?… Aquí no hay ningún tributo de homenaje, sólo utilización mercantil y zafia. Ellos no quieren saber que Triana ha costado “Sangre, Sudor y Lágrimas”, muchas lágrimas. Desde aquí me siento engañado, triste y afligido. ¡Tantas segundas partes ya esta bien!
El problema de los derechos de autor va más allá de las cuestiones que habitualmente nos suscitan. ¿Puede la viuda del difunto batería de Triana apropiarse de la obra del grupo, por mucho que tenga los derechos sobre ella, y sacar un nuevo disco de la banda sin ningún componente original? ¿Incluso aunque haya tratado de preservar la esencia original?
Para el único miembro vivo de la mítica banda, como habéis podido leer arriba, está claro que no. Para mí, tampoco. Es más, esto es el mismo fraude que cometió Doug Yule en la última etapa de la Velvet Underground. El tiempo, gracias a Dios, suele poner las cosas en su sitio.
[Noticia robada de Hipersonica]
Por cierto, aunque no tenga nada que ver… sólo porque tengan el componente ‘flamenco’ en común… este disco cada vez me parece más grande:
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prometiendo el nacimiento de un sol enamorado,
pero la sombra sólo puede parir sombras
Nada nace, nada muere
y es olvido lo creado
(Allí, reza, se baña en la vertiente, corta el cordón umbilical con sus dientes y devora la placenta)
Al venir la Luna llena se lanza sobre el animal, lo ensarta dando rugidos rabiosos y le abre el vientre a dentelladas, gozando con derramar sus tripas.
El viento hace galopar el fuego,
convirtiendo a la ciudad en una rosa de llamas
Se paseaba avergonzado de ese cuerpo monstruoso,
hediendo a vodka, orina y vómito.
Nadie quiere viajar al país de los mutilados,
donde elefantes sin cabeza suben al trono.
Todos rezan a un ídolo de barro
que esté dispuesto a brindarles la embriaguez del poder.
El viento silbó palabras
que estrujaron sus corazones.
Cuando estabas en la cima
siempre mirabas hacia abajo.
Esos niños famélicos les incomodan
El plato es un putrefacto imán.
Sus cabezas giran, brillantes,
mientras se levantan y
hacen crujir la madera
Al atardecer, las abejas me enterraron
junto a unas rocas en el bosque.
El arcoiris hizo que naciera. Por fin.
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Vaticinó una vez un gran sabio la llegada de un día en el que una nueva Luna aparecería tras un manto de feroces nubes que, provocadas por el odio, la envidia e ira del hombre, intentarán sin éxito asesinarla.
De esta forma, crecerá sobre nuestras cabezas una nueva, bella y radiante Luna roja. Donde sus maravillosas criaturas conviven en paz, libertad e igualdad. Cuando esté llena se podrá ver en todo su esplendor, puesto que se torna transparente. En su interior, grandes lagos y bosques se divisarán desde la Tierra para desgracia del ser humano.
Éste nunca podrá poner su pie en ella. Es dinámica, cambia constantemente de posición y es inhabitable para él. En el día a día será el espejo donde se mirará encolerizado. Mientras, reflejará un haz de luz cristalina y pura. Es decir, lo que siempre ha deseado ser y jamás conseguirá.
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Siempre han esperado mucho de mí. Quizás se deba a que no tengo cuadratura en mi carta astral . Por eso cuando en clase respondía al profesor de manera errónea era todo un acontecimiento, los compañeros se reían y me jodía mucho. Y no por el fallo en sí, sino por fallar y no poder pasar desapercibido como el resto.
El tiempo pasó y me convertí conscientemente en uno más. Hacía ejercicios mal para disimular. No dar la nota era mi consigna. Nunca quise ser el que marcara la diferencia y pasé olímpicamente de estudiar. Y aquí estoy ahora, hecho todo un perdedor, sin haber logrado todavía algo importante, a pesar de que hay algunas cosas que se me han dado más o menos bien. Tengo buenas condiciones de deportista. Pude llegar a ser un decente futbolista, un gran sprinter o incluso un buen jugador de baloncesto a pesar de mi corta estatura. Pero no me lo tomé en serio, no me di la oportunidad.
También hacía buenas y originales redacciones de texto. Las dosificaba por lo que ya he dicho antes, ya que la que me daba inglés estaba obsesionada conmigo y siempre solía leer en voz alta todo lo que le entregaba. Inventaba historias sobre personas mayores y su soledad, por ejemplo. Algo no muy corriente en los niños a esa edad. Casi todas con dosis de humor y con la condición más importante: eran textos escuetos. Contaba lo justo, no daba rodeos. Sintetizaba todo muy bien.
Y sigo haciéndolo en la vida real. No entiendo cómo la gente puede hablar tanto. Y muchas veces innecesariamente, porque sí. Porque creen que el silencio es incómodo. ¿Tan incómodos se sienten que no pueden aguantar los diez míseros segundos que tarda el ascensor en hacer su labor?. Ya sé que el tiempo ha mejorado, joder. ¡Vengo de la calle, igual que tú!.
No sé. Es un mecanismo humano que jamás desarrollé. Muchas veces me han preguntado que por qué soy así, que por qué odio a la gente. Y no es cierto. A decir verdad el odio es algo que también tengo atrofiado. Mis sentimientos están ya escondidos entre arterias, huesos y cartílagos y no salen a relucir casi nunca. Creo que no lloro desde los ocho años y quizás sea eso lo que me está matando. Algunas noches en la cama, pongo mi cara sobre la almohada e intento forzar el llanto. Pero nada, lo único que se me pueden escapar son algunos que otros gases.
Y todo porque todavía no sé quién soy. No me conozco. ¿No habéis tenido nunca esa sensación?. Mirarte en un espejo y no reconocer a ese estúpido que se te ha puesto como coraza. Una coraza capaz de repeler todo y transmitir la nada. Un sin sangre es lo que soy. Como dijo aquél, mi corazón no deja de latir porque no piensa.
Bueno, quizás antes me excedí un poco. Sí que odio. Odio la totalidad de mi persona.
Lo que significa que me amo demasiado.
Por todo ello, me invento el nacimiento de esta Luna. Donde habito, en la que soy completamente feliz, sin ataduras. Libre.


