El cuchillo al reflejar las llamas de las velas lanzó una araña de rayos dorados. Con el rostro radiante entró en el fuego y recitó un poema en hebreo mientras las llamas lo iban devorando. [...] Trepa por los libros ardientes como por una escalera, llega a la cima de la pira y abriendo los brazos en cruz se quema, bendiciendo al mundo, maldiciendo al mundo, dando carcajadas hasta convertirse en ceniza, lanzando llamas en forma de águilas…
Kether era un niño triste y apocado. En sus ojos no se percibía aquel brillo que demuestra que hay alguien ahí dentro. Alguien tras esa rígida corteza de piel, siempre alerta e incapaz de relajarse y dejarse llevar. En el pueblo, los niños de su edad le llamaban el monje. No salía mucho a la calle, no. Pasaba los días enteros sumergido en sus libros y practicando efectos de ilusionismo. Esto último lo hacía siempre a escondidas, ya que sus padres no entendían muy bien aquella afición. Y sobre todo ahora, cuando su profesor les acababa de decir que su rapaz iba a ser un fracasado en la vida.
En esa época Woody Allen no había nacido, es decir, los psicólogos todavía no estaban de moda. Así que la única forma de tratar los problemas era a base de ostias. En este caso las que les propinaba el cabeza de familia en la cabeza (valga la rebuznancia) a nuestro incomprendido protagonista. ¿Posible fundador del Emo?. Monje, incomprensión… bueno no, que he escrito que leía libros por doquier. Eso anula esta hipótesis.
Kether siempre corría mirando al suelo, sin levantar la cabeza siquiera un segundo. Pisoteaba con furia las hojas secas que se iba encontrando mientras lloraba por dentro al ver cómo su sombra se reía de él. Al llegar al parque se detenía y se tumbaba boca arriba en la hierba húmeda. Ese era su momento preferido. Aquel par de horas diarias que pasaba contemplando el cielo azul le hacía sentirse a gusto consigo mismo. Se abstraía de todo y atrás dejaba sus problemas.
Sentía formar parte del ciclo de la vida, como un intermediario entre el suelo y el cielo. Sentía el influjo. Sentía cómo los rayos del sol se proyectaban en su cuerpo y le hacían fusionarse en uno con la Madre Tierra. Vuela alto -se dice a sí mismo, mientras cree ser parte de aquel cielo ya esponjoso, abriendo sus diminutos brazos e intentando abarcarlo en toda su magnificencia.
Vuelta a la realidad, de camino a casa, Kether decide matar a sus padres y a todas aquellas personas que le molestan…
Explosions in the Sky – What Do You Go Home To?
6 comentarios por mucho
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‘Kether siempre corría mirando al suelo, sin levantar la cabeza siquiera un segundo’.
Vamos, Kether era en el fondo Saviola, nomás. Que ande con cuidado Schuster, que esta historia tiene moraleja…
SalU2,
Comentario por Bielix Diciembre 6, 2007 @ 11:31 pmRobinho
xD porque era en England!
Piano Magic Piano Magic!!!mamma mía!
gracias infinitas!
Comentario por mifuriaparanoica Diciembre 7, 2007 @ 12:12 pmel otro día en una “tienda modern”del centro de Sevilla me encontré una camiseta de El Nota y me acordé de tu encabezamiento de blog xD
Comentario por mifuriaparanoica Diciembre 7, 2007 @ 12:14 pmY ya se que este no es el post, y se que este no es el post, pero tio, he de decirte que nos vemos en Madrid en febrero. Tenía que decirlo, ya está.
Comentario por Jacques Percipied Diciembre 7, 2007 @ 11:12 pmLa última frase es demoledora. Muy David Lynch el relato. Pero mejor.
Comentario por Jesús Diciembre 9, 2007 @ 5:27 pm¡Pobre niño Kether triste y apocado! hoy en día el psicopedagogo del colegio le analizaría con lupa para acabar por decir a sus padres “Su rapaz va a ser un fracaso en la vida”.
Comentario por Manuela Diciembre 9, 2007 @ 11:14 pm¿como acaba la historia? no nos dejes en ascuas.