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“ Mientras hablaba, gritaba, cantaba, la había ido desvistiendo y arrojando sus ropas cual cáscaras sudorosas de un fruto azucarado. Los niños, recogiendo las prendas, llegaron a lo alto de la loma y entonces los vieron rodar desnudos, intensamente encajados, por sobre el mar de espinas. Las puntas aceradas al rozar sus pieles caían quemadas y los gruesos tallos agresivos reventaban para hacerse colchones babosos y fragantes ”
Hace ya casi una década de esos días inolvidables de vacaciones que pasé en mi pueblo. Por entonces yo era un hijo de la paja, me la sacudía por cualquier objeto que se moviera y por las noches, ya metido en la cama y a punto de dormirme, lo único que pensaba era que dónde me la iba a cascar al día siguiente y cuantas veces.
De esos viajes siempre recordaré aquellas llegadas triunfales en nuestro coche. Ahora se está perdiendo, pero antiguamente a los forasteros (en mi pueblo los llaman así también) nos trataban igual que en el Oeste. Vas desfilando con tu vehículo por la calle principal y en ambas aceras se van agolpando gente que te mira fijamente, otros se asoman a los balcones, el dueño del bar asiente serio con la cabeza mientras limpia concienzudamente un vaso, etc. Es como una especie de ritual un tanto raro, ya que cuando sales del coche empiezan todos a saludarte efusivamente. Aunque no conozcas a la mayoría.
“¡Ay, qué mozo estás ya!” es el hit en esta situación entre las viejunas cucarachas que se multiplican alrededor tuya, para darte simplemente un beso que te pincha y llena de babas al mismo tiempo. Están tan aburridos que la llegada de cualquier mindundi es un regalo divino.
Bueno, al grano. Allí estaba un tanto desubicado, puesto que llevaba ya unos añitos sin ir y la gente que conocía… pues que ya no era lo mismo, vaya. Al día siguiente hubo fiesta por la noche, los pueblerinos tomaban la calle, se reunían en la plaza y bailaban al son de una orquesta. Recuerdo que tocaban Macarena en ese momento. ¡Ah, qué momento!. Momento álgido, sin duda.
Estaba yo perdido entre la multitud, intentando buscar un lugar libre para sentarme y donde pudiera comerme mis quicos tranquilamente, cuando noto que alguien por detrás me coge la mano. Me vuelvo y la veo.
- Creo que esa es mi mano – le digo.
- Ya lo sé, tonto.
Seguimos así unos diez segundos, mirándonos únicamente.
- ¿Te conozco?.
- Bueno, no creo que te acuerdes de mí. Soy Lucía, la hermana de la Lourdes… las de la Tomasa, la estanquera.
- Ah, pues de tu hermana sí (menudos melones, pensé), pero de ti… es más, no sabía ni que existías.
- ¿Quieres dar un paseo?.
Pues para allá que partimos, lejos del mundanal ruido. Nos sentamos en un banco que había, ya casi en plena naturaleza. Hablamos de chorradas, cosas de adolescentes, no las recuerdo… aunque creo que salió el tema de Oasis (talinoel que era uno). Y nada, tras mencionar Champagne Supernova se me ocurre que podía hacer el intento y tocarle una teta. Y así lo hice.
Se sorprendió y sonriendo me imitó:
- Creo que esa es mi teta.
- Ya lo sé, tonta.
Lo que vino a continuación os lo podeis imaginar. Todo el pueblo en la puta plaza, yo con esa tía solo en medio del campo. Me faltó tiempo para rodar con ella entre matorrales, zarzas y mierdecillas de cabras. Consumamos, vamos.
Ya, mientras mirábamos las estrellas (qué bien que se ven las jodías allí) escuchamos unos pasos.
- ¿Hay alguien ahí? – dijo una voz masculina.
- ¡Oh, no!. ¡Don Antonio! – me susurró Lucía alarmada.
- ¿Quién cojones es Don Antonio? (todo esto mientras nos vestíamos a carajo sacado)
- ¿No lo recuerdas?. Es el párroco…
El hijo de Dios me pilló sin camisa y subiéndome los pantalones. A ella en sujetador.
Dios santo – exclamó. Tras un breve silencio, superado por las circunstancias, no se me ocurre otra cosa que decir…
- Sí, Padre. Es lo que está pensando.
Era mi primera confesión tras la Comunión y la verdad, no podía imaginar que fuese de esa forma. El cura se lo contó a mi padre, a mi madre, a mis abuelos, a los padres de ella, a su abuela, a sus hermanas… Al día siguiente todo Dios ya sabía lo sucedido. Era una sensación extraña el ser la comidilla del pueblo. Joder -pensaba yo- ¿no va el cabrón y no me respeta el secreto de confesión?. En ese momento ya estaba temiendo que se personase en nuestra casa el padre de Lucía. Ya me veía yo casándome con su hija.
Pero no, se veía que últimamente los pueblerinos están a la moda y afortunadamente no tuve ningún encuentro con él. Desde esa vez que no piso pueblo materno. Mañana, quizás tenga ese reencuentro con mi pasado. Tengo ganas de ver cómo está todo aquello y decrile algunas palabrejas al curilla.
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Este grupo me ha sorprendido gratamente, creía que en este disco sólo encontraría dos canciones potables, pero me equivoqué. Llevo casi todo el fin de semana enganchado y preveo que así seguiré hasta el siguiente.
Ours es un grupo relativamente desconocido, liderado por Jimmy Gnecco, quien tiene una gran voz con un evidente parecido a la de mi amado Jeff Buckley. Empecemos a enumerar los temas:
Kill the Band es una gran canción para abrir el disco. Ese comienzo es U2 en estado puro, la guitarra recuerda a Electric Co. y ese ‘The sky…’ lo canta Bono, ¡por Dios!. Realize fue el single, una canción directa y con un solo notable. En Leaves me recuerdan a los Radiohead del The Bends, salvando las distancias, claro. A continuación mi tema preferido: Places, una preciosa balada en la que Gnecco demuestra todo su potencial. El estribillo en falsete es genial. Outside es algo así como una canción llave, de poco más de un minuto, que nos lleva a la ‘tarantinesca’ In a Minute. Femme Fatale es una más que buena versión de la de la Velvet Underground. Broken empieza como si fuera la MLK de Ours, pero luego va in crescendo, hasta terminar con guitarras distorsionadas mientras que Jimmy berrea como un poseso. Chapter 2 (Money) es sobresaliente, con el mejor estribillo del disco.
If Flowers Turn es molona, y que empieza con la para nada explotada frase ‘doo doo doo…’. Lo único que falla es la letra quizás (este apartado es el que más flojea en el disco). Disaster In A Halo no me convence, aunque tiene un solo curioso y varios cambios de ritmo interesantes. Cierran con Red Colored Stars, una canción perfecta de principio a fin y en la que de nuevo van de menos a más intensidad.
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Déjame que te advierta una cosa, pendejo. Este blog tiene sus más y sus menos, muchos dimes y diretes. ¡Y no estás en tu elemento!. Eres como un niño que aparece en mitad de una película y que… como dijo Lenin… si buscas a la persona que se beneficia entonces… I Am the Walrus… ¿entiendes lo que quiero decir?… I Am the Walrus… Esa puta zorra… I Am the Walrus… V.I. Lenin. Vladimir Ilyich Ulyanov!.
Tampoco quiero mearme en tu puta alfombra, de modo que… ¡apunta un cero!. Aunque hoy, como Shomer Shabas que es te perdono, ya que este día no conduzco, no manejo dinero, no enciendo el horno y desde luego ¡no juego a los bolos!.
Aun así puedo mandar a alguien que es capaz de conseguirte un dedo antes de las 3 (con esmalte de uñas) para que te corte la puta tranca. ¿Ves lo que pasa?. Esto es lo que pasa cuando das por culo a un desconocido, Larry. Piensas que la nueva tecnología nos permite hacer cosas muy interesantes en software erótico interactivo, crees que ahí está el futuro, en la electrónica 100%. En cambio, yo aún me hago pajas con la mano…
A veces te comes al oso y otras veces el oso te come a ti. Pero no creo que este asunto tenga relación con Vietnam, así que me voy a callar de una puta vez, Donny. Me iré en un taxi, escuchando a los putos Eagles mientras me tomo un ruso blanco y me cago en los nihilistas.
De todos es sabido mi obsesión por esta película. En la misma cabecera del blog podeis ver al protagonista empollándose el temario por mí. Claro que sí, El Gran Lebowski. Una de esas que te ves ciento veinticuatro veces y jamás te cansas. Al revés, tu fanatismo va creciendo aun más.
Porque las cosas hay que tomárselas con calma. Así, el Nota siempre aguanta.
Y de fondo… Creedence Clearwater Revival – Looking Out My Back Door
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Underneath this smile lies everything
All my hopes and anger, pride and shame
Make myself a pact not to shut doors on the past
Just for today I am free
I will not lose my faith
It’s an inside job today
I know this one thing well
I used to try and kill love. the highest sin
Breathing insecurity out and in
Searching hope, I’m shown the way to run straight
Pursuing the greater way for all human light.
How I choose to feel is how I am.
How I choose to feel is how I am.
I will not lose my faith
It’s an inside job today
Holding on, the light of night
On my knees to rise and fix my broken soul
Again
Let me run into the rain
To be a human light again
Let me run into the rain
To shine a human light today
Life comes from within your heart and desire
Life comes from within my heart and desire
Life comes from within your heart and desire
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El otro día leí un topic en un foro, en el que un menda preguntaba que qué pasaría si él se muriese. ¿Cómo se enterarían los demás foreros de semejante mierda?. Vale, que casi siempre hay alguien que le conoce o tiene a alguien en común. Pero… ¿y si no es el caso?. ¿Y si es alguien que no se ha dado todavía a conocer por ejemplo en una quedada, alguien que no ha puesto nunca una foto suya, etc?
Estaría bien que en el mismo tanatorio hubiese un servicio en el ámbito internetil. Una vez fallecido, los empleados son los encargados de comunicarles a sus compis cibernautas la triste noticia, no sé, ¿vía mail?. Sería algo así como…
‘Johnny1980 falleció ayer, día 22 de Octubre. ¿Desea acudir al entierro?: Aceptar/Rechazar’
Mmm, no sería muy serio.
No sé, en el caso que comento supongo que lo mejor sería dejar las cosas como están. Si alguien se ausenta de manera muy prolongada (y tanto) pues debemos de tomárnoslo como tal. Si deja de escribir pues que lo haga, podemos echarle de menos o no, claro, pero no va más allá de la relación forero ‘X’ – forero ‘Y’. Al fin y al cabo para mucha gente sólo somos un nick y un avatar ridículo. O unos y ceros.
Con todo esto de la tecnología las cosas cada vez son más difíciles… Hace ya tiempo, viendo la agenda de mi móvil me topé con el nº de una persona que ya no está entre nosotros. Gilipollas de mí, estuve a punto de borrarlo. Pero menos mal que no lo hice. Así, cuando lo vea de nuevo me acordaré siempre de ella, de las conversaciones que tuvimos y arrepentirme una y otra vez de no haber gozado más tiempo de su presencia.
¿Y qué pasa con los números antiguos de teléfono?. Mi madre ayer mismo encontró la libreta donde los apuntaba en su momento y curiosamente estaba el nuestro. Por entonces yo sería un niño de 8 años más o menos. ¿Qué hago si llamo a ese número?. Estaría bien que me contestase mi yo del pasado y que pudiera hablar con él. Le iba a dar un carro lleno de sabios consejos yo a ese mindundi.
En fin, llevo un ritmo casi de actualización por día. ¡No os acostumbréis!.
De fondo… The Cure – Apart (Increíble el Wish!)
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SUPERGRASS – Road to Rouen (2005)
Injustamente pasó muy desapercibido hace dos años. Yo mismo lo acabo de descubrir… y saltan directamente al primer puesto de mi playlist. Es un disco idóneo para escuchar en viajes nocturnos en coche (tal y como nos sugiere la portada). No he hecho tal experimento, ni siquiera tengo el carnet de conducir, pero seguro que es así
Supergrass is Ten (The Best Of 1994-2004), no sólo compiló las mejores canciones de los cuatro primeros álbumes de la banda británica, sino que significó el fin de una etapa creativa. Un año después de entregar su grandes éxitos, los de Oxford publican el que para muchos será su álbum de la madurez; aparcando para ello las melodías vitaminadas, el pop contagioso con efluvios de los Buzzcocks, Small Faces o los Kinks y orientando su discurso hacia la psicodelia y el folk. El sonido de Road To Rouen les acerca a los Beatles de Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band o a Led Zeppelin.
Son tan sólo nueve temas en apenas 35 minutos, en los que pierden la chispa de banda adolescente y en los que por primera vez en su carrera tenemos canciones que se acercan a los 6 minutos, desarrollos imposibles, y arreglos que ya nos propusieron en Supergrass (99), aunque mucho más elaborados.
Pero que nadie se alarme, sus nuevas canciones están plagadas de acertados pasajes psicodélicos (“Tales Of Endurance (Parts 4,5 & 6)” y “Roxy”), melodías de lo más inspirado (“St. Petersburg” o “Road To Rouen”), temas con marcado espíritu hippie (“Kick In The Teeth”), pop introspectivo (“Sad Girl” o “Low C”) y hasta un guiño al “Going To Californa” de Led Zeppelin (“Fin”). Supergrass se han hecho mayores, pero les ha sentado muy bien.
Crítica de Muzikalia.
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Es lo malo de estudiar en la misma mesa del ordenador. La tentación es muy grande.
Y es que como bien me ha dicho Jesús hace unos minutos hay que ponerle un poquito más de fuerza de voluntad al asunto (tampoco debería estar ahora mismo escribiendo esto). Pero desde hace dos años ya no me queda.
¿Salen buenos platos combinados con eso?. ¿Dónde se compra?. ¿Se lo pido a alguna vecinita como si de sal se tratara?.






